Comparto con ustedes mi discurso sobre la reforma de la Carta Órganica del Banco Central de la República Argentina. A mi criterio es la peor ley desde 2003 por los efectos tremendos que puede tener sobre la inflación, la pérdida de reservas y el embargo de reservas.
Sr. Presidente (Domínguez).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Pinedo.- Señor presidente: aquí se ha señalado que vamos a modificar una ley del neoliberalismo, y que después de liquidar el tema hoy con una votación, todos seremos felices. Lamento informar a quienes están a favor de este proyecto que modificaremos no una ley del neoliberalismo –deberá considerarse, además, qué definición damos a “neoliberalismo”- sino los artículos 4°, 5° y 6° de una normativa implementada por el entonces presidente Néstor Carlos Kirchner mediante el decreto de necesidad y urgencia 1.599/05. Entonces, si lo que modificamos es una tropelía del neoliberalismo, ello quiere decir que, a juicio del oficialismo, Néstor Kirchner reúne esa calificación.
Se supone que los más importantes progresistas en materia económica son Carlos Marx y John Maynard Keynes. Lamentablemente para los neoprogresistas, tanto Marx como Keynes eran personas que sabían mucho, especialmente de moneda.
Marx escribió un libro maravilloso y cortito, que se puede leer con bastante facilidad, titulado Crítica de la economía política. Allí decía que lo que circula en la economía son las mercancías, que hoy llamaríamos los bienes y servicios. Para él, la moneda era una mercancía más, que reunía dos cualidades: primero, ser reserva de valor –o sea, algo que pudiera corporizar un valor- y segundo, servir como medio de cambio.
Marx pensaba que la moneda era una mercancía general que se usaba para intercambiar todas las mercancías entre sí. También señalaba que la cantidad de moneda que circulaba no era arbitraria, sino que representaba a las mercancías en circulación. Si alguien quisiera reemplazar esa función de la moneda por los billetes impresos, se observaría –como dijo el propio Marx- un golpe de gracia muy conocido por los banqueros: quedarse con la plata de la gente.
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